La campaña por revivir el centro teatral sigue con fuerza entre los gestores del recinto, esto producto del cierre temporal anunciado hace un mes.

Fer P. Esper

fperez@todopanoramas.cl

SANTIAGO.- Podríamos contar miles de anécdotas que ocurrieron en el Teatro Huemul. Los vecinos del sector de Franklin se acuerdan que en los años 20, en ese lugar cantó Carlos Gardel, en el que una joven profesora, que se hacía llamar Gabriela Mistral, residió por esas calles en 1941 y que a finales de los 90’ fue uno de los principales sets de grabación de la franja del “No”. Hubo algunos que dicen haber vislumbrado a Juan Radrigán (dramaturgo chileno) ir todos los días desde su casa hacia la panadería a comprar cosas para once.

Fachada Teatro Huemul / fuente Radio UdeChile

Fachada Teatro Huemul / fuente Radio UdeChile

 

La vida en ese lugar era rutinaria y muy similar a muchos sectores de la capital, sin embargo, al interior de este “Municipal Chico” se escondía una intrigante historia tras el telón. Hoy, cuando ya han pasado 100 años desde su construcción, la histórica obra arquitectónica marcó un nuevo hito, sus administradores promulgaron el cierre temporal de sus puertas.

Antes de adentrarnos en la historia actual, vamos a retomar los antiguos archivos de principios del siglo pasado. A comienzos de éste, se hablaba que no había valores morales, ya que se deterioraban paulatinamente, en los barrios marginales. No obstante, este escenario sirvió como plataforma y se terminó convirtiendo en un oasis virgen.

Fue en ese lugar donde nació la “Población Huemul”, promovida por el arquitecto Ricardo Larraín Bravo, quien fue uno de los primeros en ayudar al replanteamiento urbano del “Santiago del Nuevo Milenio”. Fue ese mismo hombre quien persistió en que ese lugar, donde habitaba la clase obrera, debía existir un teatro para la comunidad. Desde ese entonces, se habló de un “Huemul” como un gran espacio con butacas.

El inicio de la construcción de esta estructura fue en 1914 y tardó 4 años en completarse, hasta que en octubre de 1918 se inauguró por el presidente Juan Luis Sanfuentes.

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Interior Teatro Huemul

Hecho sobre la base de un sólido cemento, fortificado en el interior con pilares de acero provenientes de Europa y un techo tallado en madera, el teatro se convirtió en toda una revolución arquitectónica para esos años.

El Teatro Huemul impresiona a sus asistentes con sus 194 metros cuadrados y tres pisos, dentro de los cuales pueden apreciar los espectáculos 214 personas en platea, 100 en los palcos y otras 300 en las galerías.  Está decorado con resaltantes blancos y oro, y su telón, ese que marca el sello del lugar, fue pintado por el artista e historietista nacional Pedro Subercaseaux.

De esta forma, el espacio teatral se transformó en la escuela cívica del barrio: un lugar que, además de entregar teatro, música, exhibiciones de películas y actos políticos, fue el escenario de los recordados momentos dominicales.

Hasta la fecha, 100 años después, colgado en la parte más alta, posa un letrero – obra del artista Zenén Vargas- como única prueba tangible de su centenaria e inestable existencia.

La historia se sigue escribiendo

El conflicto comenzó años más tarde. Hasta el año 1938, este sitio lo administraba la de Caja de Crédito Hipotecario, posterior a esa institución, el Arzobispado de Santiago lo tomó. Ya en 1994, la Corporación para el Desarrollo de Santiago se hizo cargo. Pasaron los años y en 2007, Luis Marchant, actor recién egresado en ese entonces, comenzó a rentarlo para ensayar a los verdaderos dueños, quien era la Parroquia de Santa Lucrecia.

Luis, en conjunto con Acuña, cómplice de esta iniciativa, fueron los primeros en volver a pisar ese teatro tras 25 años de abandono. Sólo encontraron un albergue de palomas y un lugar donde habitaba uno que otro vagabundo.

Un escenario deplorable para lo que representó en su época este teatro. Pero eso no quitó las ganas de la dupla Marchant Acuña para limpiarlo y rehabilitarlo. En 2010 postularon a un Fondart, lo ganaron en 2013, y con los fondos pudieron rearmar este centro escénico. Sin embargo, esto no fue suficiente, el financiamiento fue escaso y lo hizo insostenible.

Luego del terremoto del 2010, esta dupla inició la restauración, tanto estructural como organizacional. Abrieron bibliotecas gratuitas para la comunidad e implementaron talleres sin costo de teatro, yoga, biodanza y pintura.

A pesar de estos esfuerzos por implementar cultura, el Municipio y el Estado no han  entregado más fondos para apoyar esta propuesta.

Hoy, la situación es crítica, Marchant está liderando una campaña llamada “Resistencia Huemul” que pretende, a través de un cierre temporal de las puertas, obtener una valoración del trabajo de rescate que él y su compañero han hecho durante los últimos años.

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